[ UNA INGENIOSIDAD AL FILO DE LO ÉTICO ]

El “ambush marketing” que traducido al español sería marketing de emboscada o conocido también como marketing parasitario, es una estrategia comercial que suele verse, mayoritariamente, en grandes acontecimientos deportivos.

No entraré en la definición académica-formal de lo que consiste esta polémica estrategia, más bien, os comentaré algunos ejemplos que, a mi parecer, hablan por si solos.

Verano del 2012. Londres se convertía en la sede de los Juegos Olímpicos, donde Panasonic era patrocinador oficial, y por lo cual, pagó una considerada suma de dinero. Hasta ahí todo normal, pero luego vino el listillo de turno de Beats y consiguió colarse, como el que no quiere la cosa (pero sí). ¿Cómo? Repartiendo auriculares entre los/as deportistas, cual Papa Noel en Navidad.

En esta misma edición, al igual que Panasonic, Adidas sacó los dineros para ser patrocinador oficial y Nike, para llevarse un cachito de gloria, lanzó la campaña “Find Your Greatness”. Un spot que hacía referencia a los Juegos y a la ciudad que los acogía pero sin hacerlo. ¿Y cómo lo consiguieron? Pues con un magnífico storytelling acerca de la grandeza, y que esta no se encontraba en un lugar, sino en la persona que intentaba lograrla. No se halla en ningún sitio, pero bien que nos colaban los cartelitos de “Londres” en el anuncio.

El resultado: que la gente pensara que era patrocinador oficial de las Olimpiadas. Cómete esa Adidas.

Pero el ambush marketing no solo ha aparecido en eventos deportivos, es el caso de Rona. Una empresa de bricolaje que metió mano a la campaña promocional del nuevo ipod Nano de Apple.

“Y es que, ¿qué mejor manera de decirle al mundo que reciclamos la pintura, que recuperando la que está malgastando nuestro amigo Steve?”

Me imagino que algo así fue lo que debieron pensar para colocar su lona justo debajo de la vaya de Apple, como si del mismo anuncio se tratara.

Golazo por la escuadra de Rona, puñalada trapera a Apple.

+ ¿Es rentable esta jugarreta?

Pues veamos, desde un punto económico, está claro que la empresa se ahorra un dinerillo llevando a cabo una estrategia de este tipo y en la mayoría de veces, la viralidad que consigue la campaña, compensa las posibles multas que conlleva realizarla. Así que, si la marca lo hace bien, el ROI puede ser muy alto.

Ahora, mirando a largo plazo, cuando ya se deja de hablar de la campaña, una se pone a pensar y se replantea la ética de la marca. ¿Debería apoyar a una empresa que se aprovecha de otra?

He aquí la cuestión: ¿ingeniosidad o deslealtad?

Categorías: Marketing

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