NUEVA YORK
(Del 13 al 17 de Abril)

Aterrizando en la gran ciudad

6:45 de la mañana. Me pongo en marcha antes que el despertador.

Vestida y con la barriga llena, del desayuno y los nervios del viaje, cojo el Uber hacia el aeropuerto. Coche limpio, conductor majo y como siempre, reggaeton en la radio. Me pregunto si alguna vez, me subiré en alguno con música decente (lo siento por la gente fan de este estilo musical).

Pero no pido que la cambie, nunca lo hago. Siempre he pensado que quien conduce elige la música, ya es bastante tostón conducir tanta horas seguidas, vamos a dejarles el placer de escuchar la música que quieren. Por 20 minutos no me voy a morir.

8:00 am. Llego al mostrador y la primera noticia es que el vuelo se retrasa 2 horas (maravilloso, maravilloso). Ya había llegado con dos horas de antelación y sumando las otras dos de regalo, el resultado es una fantástica estancia en el aeropuerto.

Check-in hecho, control de seguridad pasado y aquí estoy, empezando a escribir el diario de este maravilloso viaje que empieza hoy.

Vistas del puente de Brooklyn

Aterrizo en Nueva York a las 17:00 hora de ahí. En teoría tendría que haber llegado a la 13:00, pero gracias al retraso que he comentado antes, más el tiempo que tardó en despegar el avión por problemas técnicos, pues llegué mucho más tarde de lo previsto.

Pero lo importante es que llegué sana y salva, y, sorprendentemente, fresca como una rosa. Digo que me sorprendió porque habitualmente después de un vuelo largo, quien sale del avión no eres tú, sino tu versión zombie de Walking Dead.

En el aeropuerto, me esperaba mi gran compañero de viaje, Rafa, mi novio. El encuentro se pareció a una de las escenas finales de Love Actually o al anuncio del Almendro “Vuelve a casa por Navidad”. Pero en este caso, ni era Navidad ni volvíamos a casa.

La cuestión, que llegamos al hotel The Midtown Convention, dejamos nuestras pertenencias (que no eran pocas) y salimos a aprovechar lo que nos quedaba de día, más bien de noche, ya que salimos del hotel a las 20:00.

Paseo por Times Square, bajo la luz de las pantallas gigantes y con el calorcito de la muchedumbre. Era sábado por la noche, qué esperábamos… El paseo no duró mucho, entre el hambre que teníamos y los achuchones fortuitos de la gente, decidimos huir de ahí, ir a cenar y dar por finalizado ese día.

Times Square
Midtown Manhattan, Chelsea y Hell’s Kitchen

Despertamos en el Midtown Hotel. Para quien sea muy sensible a la luz y a los ruidos, no lo recomiendo. Situado al lado de las vías del tren y con unas cortinas que estaban ahí, casi casi, como de decoración. Pero como nosotros tenemos un sueño muy profundo no nos importó, eso sí, nuestra alarma era el silbido del primer tren de la mañana. A las 7:00 en pie.

Después de un buen señor desayuno y con las energías renovadas, empezamos la caminata con nuestra primera parada: Bryant Park. Un pequeño parque muy coqueto, en el que te puedes sentar a observar los grandes rascacielos que lo rodean.

A poco metros, y pasando por el Rockefeller Center, nos encontramos la enorme y antigua St Patrick’s Cathedral, que, anclada en medio de unos edificios espectaculares, deja a la vista una panorámica bastante curiosa.

Catedral de St Patrick

Nos alejamos un poco de todo el meollo y llegamos a la zona de Hell’s Kitchen, repleta de todo tipo de restaurantes. Mala zona para pasar cuando empiezas a tener hambre, ya que por cada calle que pasas, te envuelve una olor a comida que hace despertar tu apetito.

Pero resistimos. Intentamos ignorar los rugidos de nuestros estómagos y nos encaminamos a The High Line, unas antiguas vías de tren que se han transformado en un fantástico paseo de unos 2,5 km.

Bajamos en la zona de Chelsea para ir a comer al Chelsea Market, zona gastronómica que antiguamente era la fabrica donde se inventaron y produjeron las famosas galletas Oreo.

Tras leer varias recomendaciones de dónde comer, nos decidimos por Los Tacos nº1 , y no se equivocaban, menudos tacos y menudas quesadillas. Si vais alguna vez, os recomiendo sobretodo, la quesadilla de carne adobada y la especial. ¡Qué espectacular manjar!

Tacos nº1

Al acabar de comer, terminamos de recorrer High Line y nos fuimos a reposar al hotel. Caso error. Yo me quedé dormida y me desperté bastante tarde. Mirando la hora, decidimos salir para ir cenar y prepararnos para el gran momento de la noche… el nuevo capítulo de Juegos de Tronos.

Tour de contrastes

Contratamos el tour de contrastes de Nueva York, en el que visitamos: Harlem, el Bronx, el estadio de los Yankees, Flushing Meadows Corona Park (donde se rodó Men in Black), el barrio judío de Williamsburg y el puente de Brooklyn.

Este día reafirmamos la bipolaridad del tiempo de EEUU, así como te morías de calor, a las pocas horas, te congelabas. Gran suerte la nuestra que también nos llovió y por no coger paraguas, recorrimos muy poco el Bronx y Flushing Meadows Corona Park, lo suficiente para hacer la foto.

Flushing Meadows Corona Park

Pero el temporal escampó y pudimos recorrer como toca todo lo que nos quedaba. Caminamos por el pintoresco barrio judío, en el que podías ver las costumbres de su gente, cómo vestían y la manera de relacionarse. Me hizo mucha gracia el apodo que tiene: el barrio de los cochecitos. Eso se debe a que, por lo general, suelen tener muchos hijos/as, y el resultado es que allá donde mires, hay un cochecito con o sin mochuelo/a.

Pasamos por Oneg Bakery, una panadería kosher de la zona. El local era muy pequeño y había mucha, mucha gente. Viendo el panorama estuvimos un par de minutos decidiendo si entrar o no. Apoyados en el escapare exterior, con esos dulces que nos miraban fijamente, nos armamos de valor y entramos. Y menos mal que nos atrevimos. Lo que más nos gustó fue el bizcocho de chocolate, que después de investigar, descubrimos que lo llaman babka. ¡Recomendadísisisisisimo probarlo!

Después del deleite de este dulce de los dioses, nos subimos en el bus del tour, que nos dejaría justo antes del Brooklyn Bridge para poder cruzarlo andando, intentando no salir volando con el vendaval que había, pero al menos brillaba el sol.

Cruzando el Brooklyn Bridge

Una vez cruzado el puente, nos dirigimos a Chinatown para comer. El restaurante escogido, después de una extensa investigación, fue Joe’s Shangai . La verdad es que estuvo bastante bien: bueno, barato y de cantidades muy generosas.

El resto de la tarde lo dedicamos a recorrer lo que quedaba de Chinatown, World Trade Center, Little Italy y el Soho. Finalizado el recorrido, nos fuimos a cenar y vuelta al hotel.

Top of the Rock, museos y musical de Broadway

Empezamos la jornada desde las alturas. Subimos al Top of the Rock en los primeros turnos para no encontrarnos a tanta gente. Una vistas de vértigo y nuestro amigo, el viento, haciendo de las suyas. Así no hay quien salga bien en las fotos…

Top of the Rock

Después de volver a bajar a la tierra, nos dirigimos al MoMA. Yo no entiendo mucho de arte, pero tengo que decir, que la mayoría de las obras de este museo eran muuuuuuy raras. No sé en que estarían pensando los/as artistas o en qué estado estaban mientras las hacían. En muchas ocasiones estuve a punto de pisar o de apoyarme en algunas pensando que formaban parte del mobiliario del museo.

Pero bueno, mereció la pena entrar para ver obras como: “Noche estrellada” de Van Gogh, “Fulang-Chang y yo” de Frida Kahlo, “Les Demoiselles d’Avignon” de Picasso, “Hope, II” de Gustav Klimt y “La persistencia de la memoria” de Dalí”

Salimos del MoMA, comemos y nos volvemos a meter en otro museo, el MET. En su conjunto, me gustó más que el anterior. Cuadros de Monet, Signac, Renoir, van Gogh, Seurat… y mi gran favorito: Edward Hooper. Lo que si lo quieres ver todo y bien, dedícale un par de horas. A nosotros no nos dio tiempo a verlo entero, ese día, ya que literalmente, nos echaron.

Una vez cerrado el museo, salimos pitando hacia New Amsterdam Theatre para ver el Musical de Aladdin. Un auténtico espectáculo que nos hizo sentir niños otra vez. Por favor, no te vayas de Nueva York sin haber visto un musical de Broadway.

Y el día no podía acabar mejor. Al salir del teatro fuimos a cenar a un pub Irlandés “The Mean Fiddler“. Yo disfruté de comer una super hamburguesa y Rafa una especialidad del local. Pero lo mejor de todo fue poder escuchar en directo dos canciones que nos encantan: “Take Me Home, Country Roads” de John Denver y “Father and Son” de Cat Stevens. ¡Felicidad absoluta!

Fachada The Mean Fiddler
Picnic en Central Park

Últimos momentos en la gran ciudad. Nos levantamos temprano para volver a visitar el MET, a disfrutar de las grandes obras otra vez y de ver las que nos faltaron. Consejito: si vas un día y no te da tiempo a verlo entero, ¡no tires la entrada!, la puedes volver a usar dos días más. Nosotros nos enteramos después e hicimos de primos totalmente…

Una vez visto, ahora sí, todo el museo, nos dirigimos a Central Park con el objetivo de recorrerlo en bici. Pero antes, una paradita en Whole Foods en busca de provisiones. Un hiper mercado en el que poder comprar comida preparada a peso. Comida de verdad, rica y, dentro de lo que cabe, saludable. El resultado: un fantástico picnic en Sheep Meadow.

Picnic Whole Foods

Pero había que aprovechar al máximo el tiempo que nos quedaba, así que… ¡culos arriba y pedalear se ha dicho! Y a una velocidad bastante alta y ganando la batalla a las malditas cuestas (que les costaba hacer el camino llano…) recorrimos el parque: objetivo conseguido.

Con calambres en las piernas y con la lengua medio fuera, tocaba ir a recoger las maletas al hotel, decir adiós a Nueva York y… ¡Hola Philadelphia!

PHILADELPHIA
(Del 17 al 19 de Abril)

Después de dos horas de bus, llegamos a Philadelphia y nos fuimos directos al hotel. Ya era bastante tarde, así que decidimos empezar a descubrir la ciudad al día siguiente.

Arte en Philadelphia y siguiendo los pasos de Rocky

Para no perder la costumbre, nos levantamos a las 7:00. Solo teníamos un día y medio para recorrer Philly, así que no había tiempo que perder.

Nuestra primera parada fue la estatua de Rocky Balboa y las famosas escaleras del Museo de Arte de Philadelphia. Lo bueno de haber ido tan pronto, es que no había mucha gente y pudimos sacar nuestra vena fan a relucir en todo su esplendor. Así que subimos y bajamos un par de veces las escaleras cantando la gran canción the “Gonna Fly Now” .

Escaleras de Rocky

Estuvimos con los ejercicios matutinos hasta que el museo abrió sus puertas y pudimos visitarlo. La verdad es que nos sorprendió gratamente, obras de Monet, Pissarro y algún que otro de Van Gogh y de Sorolla.

Al salir del museo, retomamos el recorrido por la ciudad, pasando por la primera oficina de correos de EEUU y por la casa de Betsy Ross, la mujer que cosió la primera bandera americana. Continuamos por Elfreth’s Alley, la calle más antigua del país, llegando a Christ Church, el cementerio donde está la tumba de Benjamin Franklin.

Salimos de entre los muertos (con todos mis respetos), y nos dirigimos a la Liberty Bell. Nos defraudó un poquito…Lo grande que es la libertad y lo pequeña que era la campana… Lo bueno es que la visita es gratis (menos mal).

Cruzamos por Washington Square, plaza a la que le bautizamos con el nombre “el cuadrilátero de las ardillas”. Se ve que son grandes seguidoras de la saga de Rocky, porque cada vez que pasábamos por ahí, había ardillas en pleno combate. Y eran unas peleas más intensas que las de Balboa vs Creed, sin exagerar.

Después de haber presenciado uno de los más épicos enfrentamientos entre ardillas, hacemos una visita Philadelphia’s Magic Gardens. Un espacio artístico al aire libre, recubierto de mosaicos creados a partir de azulejos, trozos de espejos, botellas y ruedas de bicicleta. Un lugar muy pintoresco en el que cada pedacito era puro arte.

Philadelphia Magic Gardens

Pasamos el resto de la tarde paseando por el centro de la ciudad. Qué preciosidad. El ayuntamiento y la plaza, con figura de LOVE emblemática de la ciudad, son increíbles. La ciudad en sí, es increíble.

Para despedirnos del día, volvimos a nuestras queridas escaleras del Museo de Arte (no sé cuantas veces las habremos subido). Y desde ahí, disfrutamos de una fantástica puesta de sol.

Ayuntamiento de Philadelphia

Para cenar, fuimos nada más y nada menos que a The Victor Café. Este nombre no te sonará, pero… ¿y si te digo “Adrian’s Restaurant”? Un restaurante italiano, buenísimo y con sorpresa incluida. No te la puedo contar porque una vez que te sientan, te piden, por favor, que no reveles el secreto que tantos años llevan guardando. Así que si quieres descubrirlo, tendrás que ir.

Deseamos con todas nuestras fuerzas que ojalá estuvieran algunas de las fotos que salían en la película. Y estaban. Claro que estaban. En la planta de arriba, había un pequeño rincón con algunas de estas instantáneas. Y no contentos con eso, también colgaba de la pared, un cuadro original de Sylvester Stallone.

Simplemente, un día genial.

The Victor Café
La cuna de la Independencia y el famoso cheesesteak

La estancia en esta maravillosa ciudad llegaba a su fin. Lo primero que hicimos fue ir a coger turno para visitar el Independence National Historical Park, lugar histórico que vio nacer a la declaración de independencia y la constitución de los Estados Unidos.

No teníamos hora hasta la 13:00, así que aprovechamos para recorrer otra de las localizaciones de Rocky: el mercado italiano. Una calle repleta de puestos de productos frescos, la mayoría de ellos, italianos. Nosotros íbamos con la idea de poder comprar algo para picar, pero solo vendían en crudo. Vamos, que era el típico mercado para hacer la compra de la semana.

Visto el mercado, regresamos al centro para hacer el tour por el Independence National Historical Park. Muy interesante las charlas, sobretodo, una que nos dio un hombre que se veía que le apasionaba su trabajo. El ímpetu con el que narraba la historia te hacía meterte de lleno en ella.

Salimos de ahí sabiendo un poco más sobre Estados Unidos y también con una hambre atroz. Así que fuimos directos a nuestro último objetivo: comernos un cheesesteak en Carmen’s, uno de los famosos puestos dentro del Reading Terminal Market.

Carmen's Cheesesteak

Un cheesesteak es un bocadillo típico de Philly que lleva: bistec de ternera troceado, cebolla y queso. Se le puede añadir más cosas este es el original. La verdad que mereció la pena hacer cola en Carmen’s. ¡Qué bueno que estaba!

Y nos tocó despedirnos de la ciudad. Una ciudad con estilo, acogedora y con mucho arte. “Querida Philadelphia…volveremos.”

WASHINGTON
(Del 19 al 21 de abril)

Llegamos de noche a Washington, así que el único recorrido que hicimos fue del hotel al restaurante y del restaurante al hotel. Mañana nos esperaba el día más intenso de todo el viaje. El día que batimos el récord: 30 km caminando.

National Mall, Ben’s Chili Bowl y museos

Nos levantamos a primera hora de la mañana (cómo no…) para hacer una visita a la casa de nuestro querido Trump (nótese la ironía), The White House. Ya veníamos avisados de que no era como uno se esperaba. Tienes que verla de lejos, rodeada de policías y haciendo malabares para no sacarlos en la foto. Pero está bien pasear por la Ellipse y, ya que estas, pasar por la Casa Blanca.

Siguiente parada Lincoln Memorial. Un templo enorme con la escultura de Lincoln acorde a las dimensiones del lugar. Y las vistas al Washington Monument junto con la piscina del Mall, sí que eran impresionantes.

Lincoln Memorial

Continuamos la caminata pasando por los memoriales de la Guerra de Corea y la delVietnam. También el de Martin Luther King Jr., que fue el que más me gustó de estos tres. Una gigantesca escultura situada en el lugar en el que dio su gran discurso “I have a dream”.

Bordeando la piscina reflectante, llegamos al Memorial de la Segunda Guerra Mundial. Una enorme fuente, rodeada por unos pilares que simbolizan cada estado del país. Una plazoleta muy chula en la que poder sentarse y remojarse los pies.

Memorial Segunda Guerra Mundial

Llegados hasta aquí, dimos media vuelta para ir a la Galería Nacional de Arte de la que destaco una de las obras más destacadas de Edward Hopper: “Ground Swell”. Por supuesto que había muchas otras más, pero mi emoción al ver este cuadro, hizo olvidarme de las otras.

Hora de comer. Como siempre, investigamos si hay algún sitio emblemático para ir. Damos con Ben’s Chili Bowl, un restaurante cuyo objetivo era hacerse famoso por los Bowls y lo acabó siendo por sus Chili Hot Dogs. ¡Hasta el alcalde de la ciudad llevó a Obama a comer ahí!. Y menudos perritos… Tienen la fama bien merecida.

Ben's Chilli Bowl

Después de disfrutar de esté menú tan ligero y saludable, visitamos el Smithsonian National Air and Space Museum. Típico museo en el que tanto gente joven y no tan joven se lo pasa bien. Piezas de cohetes, aviones y un viaje a nuestra galaxia. Una de las cosas que más nos sorprendió fue que todos los museos de la ciudad, al menos los que estaban en el National Mall, eran gratis. Repito: G-R-A-T-I-S.

Al salir del museo, fuimos al Capitolio, y que mejor manera de verlo que tumbados en el césped. Así que nos permitimos el lujo de descansar un rato, nuestras piernas nos lo agradecieron enormemente.

Capitolio

Ya con las piernas algo más relajadas, tocaba ponerse en pie para pegarnos la última paliza del día. Dar la vuelta a la cuenca Tidal. Un paseo costeando esta “pequeña” cuenca de agua haciendo parada en el Franklin Delano Roosevelt Memorial y por el de Thomas Jefferson Memorial.

Antes de volver al hotel, zambullimos nuestros pies cansados en la fuente del Memorial a la Segunda Guerra Mundial. Y le decimos adiós a Washington, concluyendo así, este maravilloso viaje.

Categorías: Viajes

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